Mi querido mueble rojo

(Este cuento es uno de mis grander recuerdos de 3er semestre y Taller de redacción I Carlos Gutiérrez RULZ)

Dolor de cabeza, vidrios en el suelo, desastre total. Yo y el mueble rojo, el mueble rojo y yo. ¡Oh querido mueble rojo! Combinas tan bien con las paredes beige y la mesa de vidrio (¡que comentario tan maricón! Se me salieron los cinco segundos del día). Amigo mío, compañero de tertulia, mi pana del alma. Más fiel que mi perrita, que lo único que hace es cagarme la existencia. Cagarme en todo el sentido de la palabra. ¡Oh querido mueble! Tú bien sabes que es casi imposible volver a intentarlo. Tú que fuiste partícipe de todas mis desventuras con esa bendita mujer. Peleas, gritos, floreros rotos, brazos rasguñados. Tú bien lo sabes mi querido contertulio.


–Aló Roxana -dije sin mayor algarabía-, soy yo.

–¡Gordo! Estaba súper worried baby. O sea, tenía dos horas y veintisiete minutos sin saber de ti. ¿Qué paso honey? -respondió la susodicha, mientras yo aguantaba las ganas de vomitar.

–¿Cuentas las horas?-¡freak!, pensé, más no lo dije- Como sea, no me importa. ¿Puedes venir?

–¡Sure my little puppy of sweet candy! Claro que puedo. Siempre puedo. Yo soy para ti gordito. Toda, toda, todita.

–(Verga pa’ frase tan ridícula ¿puppy of candy?) Ajá dale, vente rápido pues.

–Oky doky bebito lindo. Voy más rápido de lo que se cae el tinte cuando vas a la playa. ¡Jajajaja! See ya my sweetie sweetie boy.

–(¡Qué asco pana!) Ok bye…


Todavía no sé porque me empate con esa tipita. ¡Sí! ¡Ya sé! Sucumbí ante el 90-60-90. Ese culo, esas tetas, esas piernas. ¿Qué paso papá? Este no es el momento para que te emociones. Fuerza de gravedad. Para abajo, para abajo, muy bien. Pasa el tiempo. Cinco minutos. Quince minutos. Media hora, y yo sentado en mi querido mueble rojo. ¡Ding dong! El timbre. ¿Pararme o no pararme? He allí el dilema. Mis piernas se han convertido en dos columnas de concreto. No puedo moverme. Mi culo. ¡Mierda! Está pegado al mueble. No seas jeva, párate de una vez. Tengo que hacerlo. Es hoy o nunca. Parsimoniosamente, mis pies, uno tras otro, caminan hacia la puerta. Derecho, izquierdo, derecho, izquierdo. Pasillo, sala, puerta. Abro. Yo, ella, nosotros. De nuevo, sala, pasillo, cuarto. No mejor no en el cuarto. Sala de nuevo. Yo y ella. Ella y yo.


–Honey ¿Qué es lo que tienes que decirme con tanta urgencia? -dijo, mientras acariciaba su cabello, rubio, taaaan rubio.

–¿Con anestesia o sin anestesia? -pregunté, sin pelos en la lengua.

–¿Whaaaaaaaaat? No entiendo my little pumpkin -respondió, haciendo la mueca más cómica que podía haber visto en mi vida, pero no podía reírme. Por lo menos no ahorita.

–Bueno chama, ahí te va. Ya no quiero nada más contigo. Me harté de ti, de tu “honey, baby” y demás anglicismos ridículos. Me cansé de tu “fever pink”. ¡Que vaina tan estúpida! Me hastió tu amor por Hello Kitty. ¡Maldita gata homosexual! Ya no puedo más pana, no más.

–¿Qué? Dios…. ¿Qué está pasando? Ya va, o sea no. ¿Qué siento? ¿Cómo se llama? ¡My heart! ¿Roto? ¡Never! ¿Qué hiciste? ¡Hello, o sea, doble hello, triple hello, doble whatever! Nunca nadie, escúchame bien, nadie me había cortado, ¿Ok? Tú no vas a ser el primero. ¡Not here, not now! -expulsó, histérica y sin respirar. ¿Cómo lo hizo? No lo sé, pero fue sorprendente.

–¡Bah! La vida continúa Roxy. Chamos van, chamos vienen. No te enrolles. Tómatelo con soda. La vida es una sola y si…


¡El florero volador! No, no es un superhéroe, es un objeto que… ¡Ouch! Me acaba de golpear. Ahí está, la veo. Histérica, rompiendo las cosas de mi mamá. ¡Noooo! Adiós cristales de Swarosky. ¡El coño de su madre! Sus uñas me han abierto un par de zanjas en mi antebrazo. Aparte de niña fresa, ¿loca? ¡Verga! Me está persiguiendo, armada de los adornitos que mi mamá ha comprado con tanto cariño. “Desgraciado, perro, sucio. ¡Me las vas a pagar! A Roxana Mendoza nadie la abandona. Párate estúpido, ¡deja de correr!”. Sus gritos me agobian. Una idea genial. Pasillo, sala, adornos volando, golpes. Abro la puerta, corro hacia fuera, ella me sigue, yo me devuelvo y ¡Bam! Pude cerrar la puerta antes de que la freak entrara. (suspiro) ¡Uy no zape gato con esa pana! Menos mal que hice como el Gran Combo: “Me liberé”.


Dolor de cabeza, vidrios en el suelo, desastre total. Descanso. Respiro. Mi sala destruida, por una noble causa, pero hecha pedazos. ¡Que alivio! “Ábreme la puerta imbécil” ¡Que bicha tan Gritona! Media hora. Silencio total. Se fue. ¡Dios es grande! Descanso. Respiro. Silencio. Sólo yo y mi mueble rojo. Mi mueble rojo y yo.

Comentarios

Nelson ha dicho que…
yava de donde sacaste esto? xD muy buen relato muy a lo novela de venevision.. pero por un momento pense que era tu novia especifica vale xD

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