"Yo me voy a casar con este pana..."

En febrero de 2010 salí de una relación que me traía por el camino de la amargura. Yo lo quería burda y me divertía mucho con él, pero todo terminó siendo un desastre, llegó un momento en donde dije no más y adiós luz que te apagaste #EpicFail. 

Desde ese momento me dediqué a ser feliz, a salir con mis amigas, a beber champaña los miércoles en Monalisa, a ir al cine con los tickets gratis que me daban en el trabajo. Todo estaba genial, me sentía bien, todo fluía, se notaba que algo bueno estaba por llegar. 

De repente reapareció "el crush" un tipo que me gustaba burda en 2006. ¿Era una señal? No sé, pero la consigna era "Dale Maraca Dulzura". ¡Plomo, pues! Salimos varias veces, un cine, unos besos, una cosa, pero no, él no era ESTE pana que yo esperaba. El me movía el piso como un temblor de 3 grados y yo estaba buscando un terremoto. Paso.

Un día cualquiera, inesperado lo "conocí". Gracias a Star Wars comenzamos a hablar... Y las conversaciones se volvieron tan frecuentes que a veces aparecían mensajes (de ambos) preguntando "¡Hey! ¿Dónde estás?". La 1 de la mañana se volvió nuestra hora del "hasta mañana" y las 9 la de "buenos días". Ya mandar mensajes y escribir por Gtalk era parte de la rutina... Y me gustaba.

Otro día cualquiera -o no tan cualquiera- decidí invitarlo al cine. Tipo normal, pues, relajado. Y aceptó. Ese martes me puse falda y tacones, y con mi pollina mocha/trasquilada, salí con la frente en alto a comerme al mundo. Él pidió el día para hacer diligencias e inesperadamente, sin planificarlo, me estaba esperando en su carro en la Solano. 

Recuerdo ver las luces intermitentes y caminar con más firmeza hacia su vehículo azul. Cero nervios. "Tipo normal". Abrí la puerta y cuando me dispuse a decir "Hola" escuché un "¡Qué bonita se arregla la niña para ir a trabajar". Cerré la puerta y pensé "Yo me voy a casar con este pana...".

Lo admito. Me compró con una pick up line de 10 palabras. Ganó terreno, pero no era tan fácil. Hablamos tanto, pero tanto que al terminar la noche llegué agotada y me fui a dormir. No sin antes leer un mensaje de buenas noches, a la 1 de la mañana, como siempre. Sin embargo ese día no hubo temblor, si no tranquilidad. El piso no se movió y me parecía rarísimo porque el pana tenía algo (aparte de ser una pared de 1.85 que me impresionó/Grr, los ojitos achinados y la sonrisa bella).

Por X o Y nos vimos nuevamente el fin de semana y entre gomitas de drácula y conversaciones se dio el primer beso. Entonces pasó, el terremoto destruyó todos los rastros de "no tendré nada con nadie" que habían alrededor. Ese 18 sigue siendo el "domingo perfecto" y el comienzo de esta historia inesperada. 

Dos años después se cumplieron mis palabras. Yo lo dije "Yo me voy a casar con este pana...". Y así fue. Me vestí de princesa, caminé hasta el altar y le di un sí. El sí más grande de la vida (con la risa más grande de la vida porque el cura que nos casó estaba medio loco y perdido), el sí que va como Buzz "al infinito y más allá".

Ahora todo está bien y siempre encontramos una nueva razón para sonreír juntos. Han habido discusiones y cosas, pero nada es perfecto y lo que parece perfecto se torna aburrido. Trabajamos en mejorar cada día. Y lo más importante es que cada vez que me sonríe o me besa sigue el movimiento telúrico porque he definitely rocks my world :)

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