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Ok sí. Yo sabía que irme del país implicaba no estar en momentos importantes de la familia. Yo sabía que si se casaba mi prima no iba a poder ir. O que tampoco podría pasar navidades en mi pueblito con mi gente. Yo sabía que no iba a estar en el Día de la Madre o en el Día del Padre. Que no iba a estar en los cumpleaños, que no iba a poder abrazar a mis papás y cantarles el cumpleaños más largo de la historia (porque, hay que estar claros, el cumpleaños venezolano es larguísimo). Que no iba a ir a los bautizos y que no iba a ver a mis primitos crecer. Que Natalia ya no me iba a enseñar sus tareas. Que Sophie no se iba a aprender mi nombre. Que Miranda no me iba a reconocer cuando me viera mil años después. Que no iba a ver de cerca la sonrisa más dulce del planeta, la de Víctor. Yo sabía todo eso. Y lo acepté, porque irse es aceptar que la vida empieza desde cero, que uno se tiene que resetear el cerebro para poder echar pa'lante sin que te de un ataque de ansiedad o una depresión grave. Yo supe de dolor cuando se murió mi tía abuela, la que me decía gordita, la que me abrazaba y me consentía como nadie. Lo supe cuando se fue Edu, antes de cumplir 30. Lo supe cuando mi tío nos dejó. Yo lloré mucho y seguí adelante y pensé que era capaz de todo, de aguantarlo, de ser valiente. Pero no. Lo que no sabía era que el dolor de perder a mi abuela iba a ser así, que iba a querer agarrar un avión a Venezuela para abrazar a mi papá y a mi mamá. No sabía que no importa cuánto trate de no pensarla, ahí está. No sabía que iba a estar en cada canción. No sabía que iba a ser igual que hace 4 años. No lo sabía. No sabía nada y aún no lo sé. Yo sabía que esto iba a pasar, pero nunca supe cómo enfrentarlo. I'm not that brave. 

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