"Estaba rico, miamorrrr"

La imagen de referencia no le hace honor a los perros venezolanos

A los 16 años mis amigas y yo teníamos la extraña manía de comer sentadas en la placita que nos quedaba cerca del colegio. Normalmente comprábamos unos perros* buenísimos en un carrito que estaba al frente de la plaza y nos sentábamos en un banquito a degustar el delicioso manjar callejero. Este día fue igual, pero diferente.

Salimos de clase como a las 10:45 a.m. y luego nos tocaba volver a las 12:15 m.d. Dimos una vueltas por la zona, fuimos al carrito de siempre, compramos, cruzamos la calle y terminamos en la plaza, para variar. A se sentó en el piso, B y yo en el banquito, me puse el perro en las piernas y lo abrí con cuidado para que no se le botaran el queso y las salsas, todo bello. Cuando estaba a punto de agarrarlo, pasó lo inesperado.

Una mano saltó de algún lugar y me quitó el perro de las piernas en dos segundos. Tres chamos, evidentemente mayores que nosotras (tenían cara de tipos ya), estaban rodeándonos y yo no entendía qué pasaba. El chamo que me quitó el perro se lo comió en dos bocados frente a mi cara de shock y dijo: "mmm, gracias, estaba rico, miamooor", mientras el séquito se reía como sendos gafos*.

B y yo seguíamos un poco perdidas, pero al ver la escena Ali se paró y amenazó a los tipos con lo que tenía a la mano.

— ¡¿Qué coño les pasa?!, ¡¿ustedes son idiotas o qué?! ¡Les voy a echar esta Coca Cola encima -sí, mi amiga los amenazó con una Coca Cola.
— ¿Con una Coca Cola? -dijo el roba perros, antes de soltar una carcajada.
— ¡Dale, sigue riéndote y te echo la Coca Cola encima! -volvió a decir A, convencida de que era la mejor amenaza ever. 

(Tacho*: Por lo menos estaba haciendo algo, mientras B y yo seguíamos con cara de perrito confundido viendo todo)

— Vámonos, ya dejemos quietas a las sifrinitas* con falda -dijo el grandulón, llevándose a sus dos amigos.
— Se salvan de que no les eché la Coca Cola encima -remató A, para que quedara claro que existía la intención.

Después de que todo el show terminó, las tres nos empezamos a reír. Daba rabia, pero daba risa, no sabíamos cómo explicarlo. Nos fuimos al colegio riéndonos, pero a medida que íbamos caminando yo me desinflé. Apenas llegué me encontré con E, un chamo que era panísima y siempre me abrazaba. Me dijo: "¿Qué te pasa, mi amor?" y yo respondí, con un puchero y las lágrimas a un parpadeo de rodar por los cachetes: "Me robaron un perro caliente". 

La carcajada no tardó ni un segundo. "Ya va, mi amor, ¿te qué?". Obviamente me molesté. "¡Coño, E! ¡Me robaron un perro caliente, vale, no te rías!". El pana llamó a todos sus amigos y les echó el cuento. Unos se rieron, los otros también, era imposible no reírse. ¡¿A quién le roban un perro caliente?! A esta que está aquí nada más. Después de las risas, los muchachos empezaron a trazar un plan de venganza.

— ¿De dónde eran los panas? ¡Vamos a buscarlos! -dijo alguno del grupo.
— Del parasistema* que está al lado de la panadería -respondí, entre sollozos.
— ¿Y cómo eran? ¿Cuántos eran? -hubo un interrogatorio.
— Eran 3 y eran feos -esa fue mi acertada observación.
— ¡Nojoda! Bueno vamos de una! Quédate tú aquí con C.

Me dejaron con C, un chamo que ya había salido de ese colegio y que conocía porque siempre andaba por ahí. (Dato curioso: C estudió en la primaria con mi hermano y me enteré un día que nos encontramos cerca de casa). 

— ¿Qué te pasó, flaca? -preguntó C.
— Me robaron un perro caliente -dije, esperando la carcajada.
— Verga, flaca, qué chimbo*, yo sé cómo puedo ayudarte.
— En serio, ¿cómo? -respondí inocente.
— ¡Con este jumbo que tengo aquí! -dijo mientras se señalaba la entrepierna y movía las cejas como Milhouse. 

Me paré y me fui. Los muchachos llegaron al rato, la búsqueda fue infructuosa, así que se quedaron con las ganas de repartir golpes, pero hicieron el esfuerzo y se agradece. El robo del perro caliente fue el chiste del día y por meses, con mucha razón. En fin, ahí quedé sin perro y sin venganza, pero con una historia graciosa que me encanta contar. Eso es ver el vaso lleno, dicen por ahí, pues a mí que me lo llenen con Coca Cola, roncito y dale don dale. 

¡Salud! 

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Glosario de venezolanidades:

1. Perros calientes: Hot dogs.
2. Sendos gafos: Literal sería algo como "muy tontos", pero esto es algo con más power.
3. Tacho: Time out, expresión para pedir tiempo.
4. Sifrina: Persona que es o aparenta ser pudiente y muestra una actitud despectiva hacia los demás (senda gafa también).
5. Parasistema: Escuela donde estudian las personas que ya pasaron el límite de edad para el colegio o a los que ya no aceptan en ningún colegio.
6. Chimbo: En este contexto la definición sería "triste".

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